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Daniel Olmo Boronat

Artista

Daniel Olmo Boronat

Olocau · España

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Comentarios recibidos

Daniel, me gusta mucho tu trabajo, es una obra equilibrada y con una gra técnica.
Felicitaciones
Jorge
Felicitats. Es cuasi com si pogues estar dins d'aquesta dona i mirar sensa mirar al mateix temps que ella no mira i veu
Me gusta la composición de este trabajo Daniel, pero toda tu obra en general me resulta muy interesante... creo que te gusta andar de pata de perro como decimos en México... de aqui para alla, conociendo, visitando, vagando.
Saludos.
Daniel,quien no necesita un faro que a veces nos ilumine en el camino,pero tu viajero deslumbrando y confundido por esta luz parece desear que desaparezca
Otra creacción Daniel que me ha llamado la atención. Me gusta mucho. Grandes exitos y hasta la proxima. Un abrazo, Funcionari
En general tu obra me transmite una sensación de soledad... Me gusta esta... El simbolismo resulta intrigante y hace que uno le de vueltas a su posible significado... Todas tus obras me parecen excelentes.
La originalidad del discurso pictórico del artista valenciano estriba en el hecho de que esta utilización de la imagen de lienzos o esculturas del pasado le sirve para formular un sugerente y apasionante diálogo sobre el mismo hecho de lo pictórico ( o escultórico, en su caso ).

¿Qué es la pintura?, parece decirnos. ¿Una anécdota representativa que ya no interesa? (Puede ser un San Sebastián, pero ello es irrelevante).

Preguntas que, como en todo arte de ley, no tienen porqué tener una respuesta unívoca y contundente. Porqué la posible ambigüedad nace de lo rico, trabajando y coherente de la propuesta, y no de su posible deficiente formulación. Y todo esto acompañado de una técnica prodigiosa, hecha toda ella con afinados matices cromático-formales.

Enhorabuena, saludos.
Franjas de color plano que organizan y enmarcan el lienzo, reducción de las formas al mínimo esencial, hombre y objeto solitarios en una inmensidad que se se prolonga más allá de la tela.

Un pintor con una obra muy personal y con un gran afinidad a la segunda etapa del pintor americano Milton Avery, cuyas figuras minúsculas en comparación con la naturaleza parecen tragadas por el lavado azul del mar.

Mientras Avery  embarga de melancolía sus cuadros, Olmo se decanta por la soledad, por enfatizar la esencia y final del destino que nos aguarda, cuya única compañía será la naturaleza, otra forma solitaria que quiere compatir ese desamparo aunque solamente sea con una mínima comunicación. Sin embargo, como elemento a considerar,  puede pensarse que esa simbiosis entre el hombre y el objeto cotidiano del que se sirve se ha roto y por lo tanto ya no hay más que distancia que va agrandándose. 

La descollante asimetría de las formas y su composición formal resalta los valores plásticos que el pintor deliberadamente quiere situar como símbolos.

Y también es una muestra de una voluntad inconfundible de estilo y un mensaje que se contiene asimismo en una contemplación silenciosa que sutilmente nos lleva a establecer la interrelación en diagonal y horizontal entre los tres protagonistas.

Obra intensa y reflexiva, marca pautas también para la identificación en esa síntesis de soledad y destino.


      
En la obra de este artista, especialmente en la acrílica y parte de la digital, se advierte la primacía de la inmensidad dentro de lo que podíamos considerar un ideario postromántico, o por lo menos, a mí me lo parece.

Las líneas tal altas del horizonte que se repiten en el conjunto de su trabajo abren un espacio sublime, incluso crepuscular, como un reflejo del yo, un yo que quiere estar siempre inmerso en un proceso de liberación, proclamarse autónomo y soberano, libre de angustias.

Y por otro lado, la tenue suavidad de la gama cromática pone de relieve ese cosmos subjetivo que pretende integrarse en lo maravilloso, en lo fantástico. El tiempo se ha congelado en un momento indefinido, de la tierra se levanta una montaña/faro/símbolo de eternidad, y también sentimiento de la soledad del hombre en su infinitud. 

Pintura donde el componente espiritual tiene una honda dimensión, una estructura que conjuga contenido y forma sabiamente, lúcidamente, que se dirige a nuestro yo más íntimo para obtener la mirada que se evade hacia esos vastos infinitos, los mismos que se plasman y hacen realidad nuestros pensamientos.