30 x 60
Santander
Mercado del Este
Texto escrito por Mario Crespo Lopez para el catalogo de la exposicion:
Lucía Polanco es mujer de múltiples intereses que nacen de esas múltiples inquietudes artísticas que parece que siempre la han acompañado, desde que apenas era una personita recién despertada al mundo. A estas alturas es fácil descubrir que ella está detrás de diseños y dibujos para páginas web, catálogos, logotipos, tarjetas, carteles o cascos para moto. Dése una vuelta el lector/espectador por internet y descubrirá numerosos espacios que su genialidad intenta abarcar, lo mismo con la técnica digital que un aerógrafo que con el amplio surtido acrílico que maneja con soltura. Pero Lucía Polanco es sobre todo una pintora nacida bajo un signo de agua, con todo lo que ello supone, y sobre ser licenciada en el tema o haber participado en talleres de Vaquero Turcios o Gutiérrez Adán: los hitos de su curriculum pueden ya sorprender por su copiosa actividad, pero aún es mayor el abismo que le queda por delante. Aparte de otras dedicaciones,
Lucía es pintora de taller y caballete, de docencia y trabajo, de obra libre y pintura por encargo. Es artista del dolor creativo, aunque sólo podamos ver en esta exposición la feliz ventura de su obra conclusa. Seguro que, por propia coherencia con su creación, ella misma sigue, con el debido sufrimiento, esa máxima que tanto le gusta del filósofo danés Kierkegaard: “La responsabilidad más grande del individuo es desear ser el mismo que uno es realmente”. En ese descubrimiento interior ella socava espacios y distancias, comprometiendo al espectador con su propia máscara, en un diálogo que está lleno de sugerencias literarias. Aquí, en esta primera exposición individual en Santander después de tres años, Lucía Polanco muestra su dominio del color y la indagación sobre los sentimientos de personajes hermosos y sufrientes, demasiado cercanos como para que nos pasen desapercibidos.