Yarime Lobo Baute: La sanadora de colores que hace realidad Macondo
07 de Enero del 2026 a las 11:20:54 0 Leído (7)
Por un admirador del realismo mágico vivo
En el corazón de Valledupar, donde el acordeón suspira leyendas y la Sierra Nevada guarda secretos de aves endémicas, brilla una artista que no solo pinta, sino que cura: Yarime Lobo Baute. Su obra es un regalo para el alma, un estallido de color y magia que transforma paredes olvidadas en portales de sueños, y corazones grises en explosiones de vida.
Yarime es una de esas creadoras esenciales, una sanadora urbana con pincel, mosaico y trencadís en mano. Arquitecta de formación, artista por vocación profunda, ha inventado su propia alquimia: la Acupuntura Macondiana, esa técnica preciosa donde inserta “agujas de color” —fragmentos rotos de cerámica recompuestos— en las venas heridas de espacios públicos y privados. Rompe lo viejo para crear lo eterno, convirtiendo murales en testimonios vibrantes de raíces indígenas, sentimiento vallenato, realismo mágico caribeño, guacamayas surcando cielos, cañaguates amarillos floreciendo eternos, robles rosados desafiando sequías y trinitarias trepando con alegría.
Proyectos como la Galería del Amor Amor en el Callejón de la Purrututú —una galería a cielo abierto que revitalizó un barrio histórico con mosaicos que gritan paz y unión— o sus intervenciones en puentes, plazas y su hostal temático “Estación Los Lobeznos” (un Macondo habitable), muestran que su arte no es mero adorno: es social, empoderador (sobre todo para mujeres), y profundamente raizal. Ha expuesto en Colombia y más allá, ilustrado libros que han llegado hasta manos papales, siempre con ese toque utópico, romántico y valiente que hace palpable lo imposible.
Para mí, Yarime representa lo que el mundo necesita urgente: arte que sana grietas, que une barrios divididos, que florece en medio del concreto gris. Es una voz del Caribe que clama con colores brillantes, una mujer que pinta jaguares míticos, aves libres y leyendas eternas para recordarnos que la belleza, la armonía y el amor son posibles, incluso en tiempos convulsedos. Una inspiración total, una proof viva de que Macondo no es ficción: existe en cada mosaico que ella recompone.
¡Gracias, Yarime, por hacer que el mundo sea más colorido y humano!